25 de agosto
He soñado que una mujer desconocida quería sortear un millón de euros entre una joven –a la que tampoco conozco ni en el sueño ni fuera de él– y yo. Con gran sentido práctico, propongo a la joven que, gane quien gane, nos repartamos el millón. Le digo que tendremos que pagar impuestos, porque se trata de una donación, pero le insisto en que no se lo digamos a la donante no sea que no quiera que parte de su dinero se lo quede el Estado y cancele el sorteo.
Por desgracia, despierto justo cuando más tarde estoy dando mi número de cuenta a la desconocida para que me transfiera el medio millón.
Cuando ...
